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viernes, 1 de septiembre de 2017

UNIDOS HASTA LA MUERTE

A mí también me puede la nostalgia. Uno está hecho de estos recuerdos que tanto disfruté en mi adolescencia. En más de una ocasión he confesado que mi guía espiritual en el piano fue Jonathan Douglas Lord (Jon Lord). Así que siempre me he sentido muy unido a ellos. Ahora, el célebre guitarrista y fundador de Deep Purple, Ritchie Blackmore, ha pedido a su legendaria formación, la mítica Mark II, volver a reunirse todos para hacer una última gira "nostálgica". ¡Cuánto daría por que así fuera! Pero ya no sería lo mismo, porque mi admirado Lord nunca más volverá a tocar las teclas de su Hammond. Ritchie Blackmore y Jon Lord fueron los líderes de la banda, los que apuntalaron los cimientos de estilo con inteligentes estructuras a lo Beethoven y Bach. Ahora uno vive plácidamente en Long Island y, aunque el otro está a demasiada distancia, las emociones siguen intactas. Todo podría haber sido muy bonito, pero Blackmore se enemistó enérgicamente con la banda hace muchos años y, desde mi sentimiento como fiel seguidor de Deep Purple, leo estas tristes declaraciones de Ian Paice (batería):
«Me gusta subir al escenario todas las noches sabiendo que estoy allí con mis cuatro amigos. Mientras Ritchie estaba en la banda esto no siempre fue así, y yo no querría volver a eso de nuevo. Es sólo por como es él. Es un hombre de gran carácter y muy reservado. Para él sólo existe el blanco y negro, no hay áreas grises para Ritchie: "Lo haré o no lo haré", "me gusta o no me gusta". Y tus miembros de la banda no pueden sufrir así. Quiero subir al escenario y divertirme, no sintiéndome triste y miserable. No estoy preparado para volver a esa historia de nuevo».

Aunque para mí siempre estarán unidos hasta la muerte.

PD: la mejor formación de Deep Purple fue la Mark II (1969-1973):
-Ian Gillan (voz)
-Ritchie Blackmore (guitarra)
-Jon Lord (teclados)
-Ian Paice (batería)
-Roger Glover (bajo)

jueves, 31 de agosto de 2017

HICE RESUCITAR AL DIOS QUE NIETZSCHE MATÓ

Siempre salgo con lápiz y papel pautado. Sí, soy compositor de la vieja escuela. No utilizo software musicales, esos programas informáticos sofisticados que enlatan melodía y ritmo con infinidad de posibilidades. ¡No, yo no! Yo me tiro al campo a caminar, así maduro las ideas musicales que previamente he esbozado en el piano. Cuando escribo música me gusta pensar en la Selva Negra y visualizar en mi mente el cuaderno de notas de Beethoven y su aterrador silencio. También viajo a Suiza, al monte Sils Maria, concretamente. Allí traigo a mi memoria las martilleantes insinuaciones filosóficas de Nietzsche. ¿Sabéis que el profesor de filología alemán también fue compositor de breves y estimulantes obras para piano? En una ocasión me pidieron tocar música exclusivamente religiosa en un evento social (soy muy dado a hacer mis propias transcripciones a piano de música sinfónica y óperas). Seleccioné partes de la Misa en Si menor (Bach), Misa de la Coronación (Mozart), Réquiem Alemán (Brahms) y una pieza de Nietzsche que, evidentemente, no la programé bajo su autoría. Como la música de Nietzsche es prácticamente desconocida me arriesgué y sencillamente mentí a la organización del evento. Les dije que era una paráfrasis mía a partir de un himno religioso hugonote. Fue la pieza que cerró el acto y a todos dejó más que satisfechos. Cuando finalicé la actuación y escuchaba los aplausos del público, se me dibujó una inocente sonrisa de maldad en el rostro. Hice resucitar al Dios que Nietzsche mató. A veces a uno le gusta jugar y mirar desde todas las perspectivas posibles. ¡Un juego intrascendente! Ese día todos los asistentes encontraron la Verdad sin saber que era Nietzsche en el que les hablaba.

sábado, 4 de marzo de 2017

LAS 10:17 h

Son las 10:17 h. Primavera. Espero inquieto en el patio del Conservatorio. Una voz llama: 
-¡Siguiente...! ¿Es usted Francisco Acosta? 
-Sí, soy yo. 
-Déjenos las copias de las partituras que va a interpretar. 
-Tome, son estas.
-Muchas gracias. Comience con Bach, pero, antes de tocar quiero hacerle una pregunta.
-Usted dirá.
-De tantas propuestas que sugiere el Conservatorio para el período Barroco, ¿por qué ha escogido esta obra?
-Mi deseo de estudiar profesionalmente música supera todas las especulaciones de este tribunal y necesito convencer. Pensé que esta pieza era una buena opción.
-Cuidado, chaval, esta pieza no la toco ni yo. 
-Bueno, correré ese riesgo. Llevo años soñando con este momento.

El tribunal escuchó atenta y completamente mi interpretación del Preludio y Fuga n°2 del libro primero de "El clave bien temperado", de Johann Sebastian Bach. A los pocos días me vi en la lista de admitidos al Conservatorio. Hice el camino de vuelta a casa llorando desconsoladamente.