¡Dejaos atropellar por este diabólico torrente musical...! Para mí, sólo hubo un hombre sobre la faz de la tierra capaz de morder al destino de esta manera. El más grande hacedor de bellezas en la historia de la música. Sí, es él, Ludwig van Beethoven, el hombre que luchó contra sí mismo para definir el concepto más auténtico de la música. El niño que manaba sangre al piano. El emperador que desenmascaró los equilibrios del clasicismo e instauró las pasiones románticas del Sturm und Drang. Os dejo con este fragmento de su sexta sinfonía, "Pastoral", concretamente el pasaje donde describe la tormenta que se desata en el campo en un día que comienza bucólico. ¡Cuánto hubiera dado yo por conocer al héroe de mi vida artística...! Beethoven ha influido tanto en todas las disciplinas artísticas que, para regocijo estético de nosotros los mortales, uno no puede por menos que sentirse orgulloso de pertenecer a la especie humana.
FRANCISCO ACOSTA. Pianista/Compositor. Profesor de Piano, Lenguaje Musical y Armonía. Estudió en Conservatorio Superior de Música de Sevilla.
domingo, 22 de octubre de 2017
sábado, 30 de septiembre de 2017
ARCHITECTURAL ASSOCIATION SCHOOL OF ARCHITECTURE LONDON
La paráfrasis es un terreno musical en el que me encuentro especialmente a gusto. Se trata de utilizar un tema original y someterlo a mi visión personal. En la paráfrasis que hago, a partir de las transcripciones a piano de la ingente discografía de Pink Floyd (donde muestro el excelso universo sonoro de la mejor banda de rock sinfónico/progresivo de la historia), me sirvo de mi piano Roland y sus múltiples efectos de reverberación y eco; alcanzando así la atmósfera psicodélica y onírica tan característica en la banda británica. El sábado 7 de octubre, en el Festival Internacional Tomate Blues Los Palacios 2017 (Los Palacios. Sevilla), sonará desde mi Roland el apoteósico «Comfortably Numb», caballo de batalla del mítico álbum "The Wall" (el muro). No se me ocurre mejor pieza que esta para homenajear a estos jóvenes, que se conocieron en los 60's siendo estudiantes de arquitectura en la Architectural Association School of Architecture de Londres, y que revolucionaron las mentes de los más exigentes melómanos.
miércoles, 20 de septiembre de 2017
RICARDO III DE INGLATERRA
La estructura de los trastes de la guitarra hace que la mano se amolde y se mueva por el mástil en la escala pentatónica con comodidad. Esta escala tiene un esquema muy visual para el guitarrista, siendo además uno de los pilares donde se basa el blues y el rock. No ocurre así en el piano, de ahí que las secuencias melódicas pentáfonas en los solos de guitarra se adapten contra natura a la fisonomía del teclado. Aún así, cuando consigo vencer esos inconvenientes mi piano Roland se transforma en la mejor Fender Black Stratocaster del centauro David Gilmour. El sábado 7 de octubre podréis comprobar esto que digo. Será a las 15:45 h en el impresionante escenario del Festival Tomate Blues Los Palacios 2017 (Sevilla). Mi viejo y fiel escudero Roland lucirá sus mejores galas para mostrar a todo el orbe rockero allí congregado de lo que es capaz. Recuerdo cuando lo compré. Yo llevaba todo el día probando pianos en todas las tiendas de música de Sevilla. Él se encontraba aislado y casi humillado por un enjambre de pianos de todas las marcas y modelos (Yamaha, Clavinova, Kawai, Korg, Casio, Ringway...). Por entonces yo tenía un piano de media cola Yamaha en el salón de casa, pero precisaba de uno digital de estudio, por aquello de estudiar a horas intempestivas y ser respetuoso con el silencio. Así que me lancé a buscarlo. Cuando posé mis saturadas manos, después de todo el día de súbito cansancio, no hubo dudas. Quedé sorprendido ante su respuesta. Todo en él era dulzura, jeu perlé, garra, cuerda viva y soñada. Seguirá a mi lado toda la vida. Y como Ricardo III de Inglaterra, último monarca de la Casa de York, asediado y acorralado en el campo de batalla por los enemigos después de ser abandonado por su caballo y, encarando la disputa a pie, gritó: «¡Un caballo, un caballo! ¡Mi reino por un caballo!»; así será mi clamor el día que a mi Roland lo abandonen los semiconductores diodos de cristal. ¡Mi reino por mi Roland...!
jueves, 31 de agosto de 2017
HICE RESUCITAR AL DIOS QUE NIETZSCHE MATÓ
Siempre salgo con lápiz y papel pautado. Sí, soy compositor de la vieja escuela. No utilizo software musicales, esos programas informáticos sofisticados que enlatan melodía y ritmo con infinidad de posibilidades. ¡No, yo no! Yo me tiro al campo a caminar, así maduro las ideas musicales que previamente he esbozado en el piano. Cuando escribo música me gusta pensar en la Selva Negra y visualizar en mi mente el cuaderno de notas de Beethoven y su aterrador silencio. También viajo a Suiza, al monte Sils Maria, concretamente. Allí traigo a mi memoria las martilleantes insinuaciones filosóficas de Nietzsche. ¿Sabéis que el profesor de filología alemán también fue compositor de breves y estimulantes obras para piano? En una ocasión me pidieron tocar música exclusivamente religiosa en un evento social (soy muy dado a hacer mis propias transcripciones a piano de música sinfónica y óperas). Seleccioné partes de la Misa en Si menor (Bach), Misa de la Coronación (Mozart), Réquiem Alemán (Brahms) y una pieza de Nietzsche que, evidentemente, no la programé bajo su autoría. Como la música de Nietzsche es prácticamente desconocida me arriesgué y sencillamente mentí a la organización del evento. Les dije que era una paráfrasis mía a partir de un himno religioso hugonote. Fue la pieza que cerró el acto y a todos dejó más que satisfechos. Cuando finalicé la actuación y escuchaba los aplausos del público, se me dibujó una inocente sonrisa de maldad en el rostro. Hice resucitar al Dios que Nietzsche mató. A veces a uno le gusta jugar y mirar desde todas las perspectivas posibles. ¡Un juego intrascendente! Ese día todos los asistentes encontraron la Verdad sin saber que era Nietzsche en el que les hablaba.
viernes, 25 de agosto de 2017
PSYCHOMOTRICITY
He observado siempre en mis alumnos una barrera cuasi infranqueable en aquéllos con menos cualidades psicomotoras de coordinación. La técnica pianística pertenece a la neurociencia. Todo radica en las conexiones neuronales entre los dos hemisferios cerebrales. Los primeros cursos de piano suelen ser muy agradecidos para el alumno, ya que éste obtiene una respuesta inmediata en sus primeras lecciones, mostrando así un entusiasmo que va alimentando su interés. Pero la cruda realidad se manifiesta cuando las piezas de estudio requieren mayor coordinación. Aquí está el momento frustrante del alumno (insisto, con menos cualidades innatas de psicomotricidad y siempre aludiendo a cuestiones técnico/mecánicas) y que aparece en el tercer o cuarto curso. La decisión de seguir avanzando es un esfuerzo titánico, pero no rendirse es la clave del éxito. La experiencia de mis años al piano me dice que, cuando el esfuerzo está sustentado a base de específica concentración, los resultados son muy óptimos. A modo de anécdota diré que Franz Liszt aconsejaba a sus alumnos practicar ejercicios de mecanismo al menos durante tres horas diarias. Llegado el cansancio por efecto tan repetitivo, lo mejor era colocar en el atril un buen libro y abstraerse de la automatización, haciendo inmersión en el placer de la lectura. Aunque pertenezco a este tipo de alumnos (en presente, nunca se deja de aprender) y el oído interno siempre me fue favorable, en cuestiones de psicomotricidad hube de romper cadenas de acero hasta lograr mis objetivos. ¡No desfallecer! ¡Perseverar! Nada cae por ciencia infusa, ni aún a los elegidos por lo dioses. Las interminables horas de estudio lograron conectar mis manos y mi cerebro uniéndolos de por vida.




