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domingo, 2 de abril de 2017

ESCUELA DE VIDA

- ¿Me permites ocupar tu asiento?
- Por supuesto, todo suyo, mademoiselle. 
- ¡Merci beaucoup...! ¡Atiende...! Debes tocar aquí una y otra vez con ternura, interrogando al futuro. Ya sabes lo que te digo siempre del acorde de séptima de dominante. ¡Enfatiza el suspense!
- ¿Quiere usted decir que no sólo toque las notas, sino que extraiga de ellas algo más?
- Siempre está ese algo más, mi querido alumno. Lo has entendido perfectamente. En este pasaje hay una propuesta muy poética, una ensoñación. Deja que desaparezcan las sonoridades en el final de la frase y recréate en la ilusión del sueño. Fíjate cómo acaba la frase, dónde se hace eterna esta nota.
   Miss Florence Kent insistía en que la música debía ser transmitida como un discurso entendible. "Da igual qué género musical estés tocando -decía-, tiene que haber una conexión sincera entre el oyente y tú."     
   ¡Cómo me martillea el recuerdo de estas palabras! Las lecciones de piano con miss Florence Kent no las olvidaré jamás. Más allá del piano, mis años de aprendizaje con ella fueron una verdadera escuela de vida.

lunes, 20 de marzo de 2017

¡MANO, CORAZÓN Y VIDA!

- Buenas tardes, mi querido alumno.
- Hola, señora Kent.
- ¿Qué tal tu mano?
- Mal.
- Ya dura esa tendinitis.
- Me voy acostumbrando.
- No leas mientras haces los ejercicios de Liszt. Se te va el santo al cielo y el daño aumenta.
- Sigo las instrucciones del maestro húngaro. Según él hay que practicar durante tres horas diarias sus ejercicios de mecanismo y automatización. Y leer todo el tiempo un buen libro para distraer la mente de tan ingrata tarea. 
- ¡No seas ingenuo! A Liszt le leía la condesa Marie d'Agoult mientras practicaba esos acrobáticos ejercicios. Además tus manos no son las de él. Nunca podrás tocar sus obras.
- Cierto, mis manos tienen otro ser. Liszt derriba castillos a cañonazos y después corta una orquídea con los dedos entumecidos; y nadie lo nota. Yo quiero cultivar orquídeas y regalarlas a la primavera.
- ¡¿Ves?! Cada uno se sirve del capricho de la naturaleza. A ti te obsequió de mano, corazón y vida. No malgastes ese material.
- Pues aléjeme de este endemoniado músico y sírvame la mano de Chopin (abrí mis dedos en un gesto impetuoso delante de sus narices).
- Sí, será lo mejor. Y para empezar estudia este Preludio. Esta pieza es un compendio breve del espíritu de su poética.


Miss Florence Kent abrió un libro de partituras desgastado por el uso, buscó en el índice el «Preludio Op. 28/4», se sentó al piano, comenzó a tocar y yo me derrumbé ante aquel chant des profondeurs. Fue la primera pieza que estudié del polaco que revolucionó París con su estilo personal y atrevido. Frédéric François Chopin fue la puerta que me introdujo en la abrumadora sonoridad del  piano.

domingo, 12 de marzo de 2017

¡NUESTRA CONSIGNA ANTE LA VIDA!

Hace frío. 8:27 h. Mantengo el motor del coche encendido con la calefacción al máximo y espero breves minutos. La señora Florence Kent camina hacia mí y cuando llega a mi altura esboza su característica sonrisa de mujer diplomática. Da los buenos días y sube al asiento trasero. 
- Adelante, acomódese a su gusto. Hoy será un viaje muy entretenido. 
- ¿Fuiste a ver la película?
- Sí, ¡sigo fascinado! Agradezco mucho sus recomendaciones y cómo me cuida. 
- Me gusta ayudarte, siempre siento que lo necesitas. 
- ¿Qué le parece la música que he seleccionado hoy para usted?
- ¡Umm, no sé, no sé... me abre interrogantes! A ver...
- ¿Interrogantes?, pues qué bien, marchemos, entonces.
Pongo en antecedentes a la señora Kent sobre «La consagración de la primavera», de Igor Stravinsky. Me escucha con mucha atención y concluye con un: "eres incorregible y te adoro". 
Miss Florence Kent me daba 500 pesetas cada viernes para ir al cine y, ansiosa, esperaba mis impresiones. Ese viernes fui a ver la película «Fanny y Alexander», de Ingman Bergman. ¡Cómo disfruté...! . 
Yo la recogía en su domicilio y la llevaba cada día al hospital. Durante el trayecto hablábamos sólo de arte, era nuestra consigna ante la vida.