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domingo, 3 de septiembre de 2017

DISECCIONANDO UN LIBRO

En su día me sedujo el título del libro y la sinopsis. Lo compré. Lo leí. Lo disfruté. Lo volví a leer. Volví a disfrutarlo más. Luego, por razones musicales, artísticas y profesionales, lo leí por tercera y cuarta vez. Ahora comparto con vosotros mis impresiones, relato a relato, de «La acústica de los iglús», de Almudena Sánchez.

1. «La señora Smaig»
Narra una niña en primera persona. Frío hospital. Desapasionamiento. Resignación. Soledad.

2. «El frío a través de los emgranajes»
Evitar las arenas movedizas. Una madre y dos hijos viajan en furgoneta. Huyen constantemente. La madre acumula odio y lleva una pistola. Desesperada escapada hacia ninguna parte. Perpetua búsqueda.

3. «Apuntes desde la bóveda celeste»
Viaje interestelar hacia encuentros con uno mismo. Perspectiva Universo/Tierra.

4. «El nadador del hotel Minerva»
Cuento con matices oníricos. Nadando en la basura y rodeado de inmundicia, aún así, respiramos.

5. «El arte incrustado»
Fragilidad iniciática a tantos rumbos que depara el destino; aquí, la música y el amor, valdrían para querer seguir descubriendo de qué va todo este entramado emocional que es la vida.

6. «Eclipse»
La espera. Al final todo llega. Una pareja de octogenarios enamorados emprende el viaje que los conducirá a mundos exóticos. Por una vez el tiempo y el espacio son favorables. El espectáculo perfecto como broche de oro a toda una vida juntos.

7. «Compostura: la línea imaginaria»
La línea imaginaria que nos muestra el horizonte. Hay quien la ve y quien ignora su existencia.

8. «El triunfo humano»
Las relaciones humanas fingidas. Los sentimientos se confunden y un halo de confirmación sobrevuela el alma de la protagonista del relato.

9. «Cualquier cosa viva»
La narradora nos presenta al esqueleto Marvin, una suerte de ente como metáfora de la soledad.

10. «Introducción al relámpago»
Una introducción al relámpago como sinónimo de vida. Sus secretos. Flashes que conforman la personalidad de la narradora/protagonista desde el objetivo de una cámara fotográfica de ensoñación. Surrealismo.

martes, 28 de marzo de 2017

LAS PUERTAS DE LA LITERATURA

Como en tantas ocasiones voy de la mano de mi madre andando hacia la consulta del médico. El invierno es mi travesía del desierto. Mientras caminamos ella me sonríe; está preocupada. Yo asisto, impasible, al enésimo ritual de mi perenne bronquitis. A grandes bocanadas abro mi pecho para tomar el aire que nunca quiere llenar mis pulmones. Todavía tengo en la boca el sabor amargo y mentolado de las hojas de eucalipto hervidas, ese árbol de ciencia y vida, y sus vahos de supervivencia. Horas antes mi padre y mis hermanos se afanan en avivar el fuego de la chimenea para que la olla de hojas de eucalipto desprenda su poder curativo y así mermar mi asfixia. Mi ahogo aumenta. "Su hijo dejará de padecer esto cuando traspase el umbral de la pubertad." -dice el doctor-. Yo no sé a qué se refiere, lo único que quiero es dormir, no pasar las noches en vela por no poder respirar. No me quejo nunca, prácticamente esta dolencia nació conmigo y pienso que es lo normal. Algo que no le pasa a mis amigos pero que en mí es lo más natural. Los días que paso en cama recuperando el aliento, leo. Mi abuela me atiborra de tebeos, cómic de superhéroes y cuentos clásicos. ¡Un día se produce toda una revelación en mí! Cae en mis manos «El Camino», de Miguel Delibes. A partir de ahí mis ahogos se apaciguan bastante. Las puertas de la literatura se abren ante mis ojos y también abre mis maltrechos pulmones. ¡Oh, ya recobro el pulso! ¡Estoy vivo! ¡Quiero vivir para leer y leer para vivir! Mi madre sigue cogiéndome la mano cada vez que rememoramos este eterno capítulo de nuestras vidas.